El Metro público de Madrid ha muerto; viva el Metro Ligero. De ese modo ha debido de pensarlo la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, cuando, como respuesta a la pugna de competencias de Transportes, se quedó finalmente con la potestad sobre los terrenos que unen las terminales de Barajas. En un principio se discutió sobre si dichas obras tenían que correr a cargo de la Administración o del Gobierno regional, y finalmente terminó siendo para el segundo, aunque éste la remitió a concurso “para que no le cueste nada a los contribuyentes”, dijo en su día Aguirre. 

Es decir, las obras corresponden a una empresa privada que ahora cobra un suplemento a cada viajero para poder realizar el trayecto de 2,5 kilómetros que el Metro Ligero de la presidenta recorrerá hasta la Terminal 4 del aeropuerto. Para ser más exactos, el nuevo “ajuste tarifario” será de 1 euro, que se sumará a la tarifa del nuevo billete sencillo monomodal, que sustituirá al billete sencillo. Así que el Transporte público se divide en dos; ahora se pagará público y privado si se desea ir a la T4. Y como se divide en dos, si eres usuario normal pagarás 2 euros, pero si eres de MetroNorte, 2,75. Ahí es nada. ¿No es privativación de un servicio público? 

Para más INRI, los presupuestos, que tal bailan. En una información que recoge El Mundo en su página web de noviembre de 2006, se expresaba en negrita que el dinero destinado a la construcción de la nueva estación alcanzaba los 39.8 millones de euros, mientras que en las últimas noticias puede leerse que, finalmente, los costes ascienden hasta 58.5 millones de euros. ¿Dónde han ido a parar los 18.6 millones que distan del presupuesto inicial y el coste final? Sin querer entrar en polémica, pero como no se ha aclarado nada, me parece sospechoso.Y para terminar, si no se tiene bastante ya, otro dato más. Supongamos (creyéndonos) que la inversión ha sido de 58,5 millones de euros. Esperanza Aguirre dice que al día la línea será usada por unos 200.000 usuarios, lo que, calculando, viene a decir que en 290 días, es decir, unos nueve meses, la línea estará totalmente amortizada. Pongámonos a la tremenda, en vez de 200.000 usuarios por día, 150.000. En este caso, las obras estarán sufragadas totalmente en 386 días, es decir, 13 meses. Y si ya, al ver que siempre se equivocan con los cálculos de personas que pasan por un metro cuadrado, pensaremos 100.000 personas harán uso de la línea diariamente. Calculando la tarifa por persona y día surgen 580 días, es decir unos 19 meses. En 19 meses como máximo las obras estarán cobradas. Menos de dos años. A partir de ahí, diariamente serán 200.000 euros para las arcas de la empresa constructora. Todavía puede arreglarse si se hace presión social sobre el asunto. La autopista de peaje que une la M40 con la T4 también ha subido, pero el volumen de pasajeros no excede a los usuarios de Metro. Se tiene que hacer algo, porque 2 euros, y 2,75 en algunos casos, es una subida demasiado excesiva para un transporte público. Si has llegado hasta aquí lee el artículo anterior: Fe de errores