Me gusta comenzar cada post con una frase o dicho que encarrile aquello que voy a narrar luego. Esta vez, como hablaré de la Libertad de prensa, de cuánto la forzamos a veces, de sus límites, aparentemente existentes, me apoyaré en Montesquieu, que, de esto, algo sabía: Consiste en poder hacer lo que se debe hacer. Aunque parezca utópico, no es más que que la concepción de tenía Carmen Martín Gaite al decir que la libertad es para soñarla. A veces creo que tienen razón. Toda la razón, me refiero. La libertad de prensa, aquella que procede paradójicamente de un país cada vez menos libre: Estados Unidos, cumple un año, pero parece que se los quita, que parece novata. Porque cuando se junta el sensacionalismo con la política comienzan a emerger cortinas de humo y la prensa deja de ser prensa y ser libre.

El cruce de la detención de Isabel Pantoja con la impugnación de las listas de ANV se ha convertido en una nueva lanzadera de críticas circenses a uno y otro bando. De nuevo somos espectadores de la oscura estratagema de la facción política de ETA para llegar al Parlamento con los zapatos limpios y las manos manchadas. Hasta 256 listas para ver cuál pasa más desapercibida aun sin perder la esencia terrorista. Pero al Gobierno le gustan las coincidencias, pese al parentesco zafio que presentan, y a pesar también de que la impresión y la pretensión de los partidos vetados son tan legales como su forma y su contenido. Todo ello después oponerse a la mitad de ellas, aunque hubiera prometido en un principio el 100%. 

Como respuesta, el ‘deseable’ berrinche del Partido Popular, que no ha tardado en llegar, y mientras tanto el Gobierno refugiado en la legalidad, su legalidad, para no hacerle el feo a la ANV. Esperemos que el Tribunal Supremo ponga el punto final a esta cuestión. Esto es algo parecido a una guerra de indios y vaqueros que nunca mueren, donde el PSOE juega con demasiado fuego, aun a riesgo de quemar su credibilidad jugando a las casualidades fortuitas.  

 El PP habla de tratos de favor, con De Juana en la calle y Pantoja recluida en el calabozo. En todo caso es decisión judicial, e Isabel Pantoja podría haber acudido al día siguiente, pero esto no es justicia a la carta, y si se hace así es para impedir una tergiversación en las declaraciones judiciales. Zapatero no ordena la detención, la ordena el juez, y es él quien escoge el momento que cree más idóneo para no perturbar a la persona imputada en un acto de “clemencia”. En todo caso, la jugada ha salido mal: Habría quedado poco político que el Gobierno, tras su visita a la comisaría de Málaga, presionara para crear una cortina de humo que evadiese su decisión de no vetar al 100% las listas batasunas. Sin embargo, hace quince días que se conoce la noticia de que Isabel Pantoja iba a ser detenida.

Pero aún hay cosas peores, como el victimismo patológico que sufre el PP le ha llevado a una nueva intervención de doble moral, ya que ha preferido esperar a la coyuntura más favorable para labrar un nuevo ataque al Gobierno. En su línea. Y lo peor no es que se usen argumentos para desbancar a un partido del trono político, sino usar instrumentos que, en este caso, son personas, y luego olvidarlas como si fueran simples objetos a sabiendas que van a ser de nuevo objeto de burlas, insultos, persecuciones, invasiones y violaciones de intimidad. Esa es la solidaridad de la política española. Hoy te utilizo, mañana te olvido. 

Si el PSOE pierde las elecciones, no será por logros políticos del PP, sino por méritos decadentes. Como en los pasados comicios, habrá más derrotas que victorias en las urnas. Y lo peor ya no es quien dirija el país, sino los propios votantes, que cumplen honrados con su derecho para luego ser olvidados, convertidos en marionetas de sus propios líderes. Si el TS impugna el resto de las listas pendientes de vetar, el Gobierno, que debería haber hecho lo mismo, va a ser quien se lleve el varapalo, esta vez, con razón de la oposición. La folclore abandona esta vez de los chascarrillos casposos amarillentos para entrar en la política roja y azul que vivimos en España. 

La Libertad de Prensa es la misma, pero nunca se ve transparente. El humo con el que se envuelve en cada ocasión tiene un tinte distinto, a veces más oscuro, a veces más claro. Lo que sí está claro, además del odio que los medios televisivos han dejado patente con esta noticia, es que las casualidades pueden durar un día. El resto, son intenciones encubiertas. Hoy decide el Supremo sobre las listas de ANV. Hoy se verá si la enfermedad del PP le induce a hacer demasiadas declaraciones histriónicas o si el Gobierno se quema las vestiduras. Seguramente, ambas.