Asombroso, babilónico, cautivador, desconcertante, encomiable, formidable, glorioso, hechizante, inefable, jocoso, legendario, mítico, nostálgico, orgulloso, portentoso, quimérico, rocambolesco, soberbio, tremendo, utópico, vehemente, yacente, zahiriente. Faltan calificativos, los que comienzan por ‘w’ y ‘x’, para poder definir completamente la gesta con la que el argentino del FC Barcelona, Lionel Messi, de 19 años, hizo blanquear de pañuelos unas gradas que coreaban su nombre. En el deporte también se cumple el cuento de que todos tenemos un clon en alguna parte del mundo. Pero Maradona no podía saber que su doble futbolístico nacería tan cerca, en Santa Fe. El bonaerense, laureado y distinguido en todos los anales del deporte rey sobrelleva, además de una polémica por sus excesos privados, la proeza de haber marcado uno de los mejores goles de la historia. Y ahora, un alumno aventajado que le emula con la mejor de las maestrías.
México. Estadio Azteca. Corrían los cuartos de final del mundial con Argentina e Inglaterra enfrentadas el 22 de junio de 1986. Maradona caracolea en su campo e inicia su espantada personal de diez segundos sin descanso, sólo acariciando el balón con el pie izquierdo, driblando a todo el que se ponía por delante, incluso al portero, que asiste impotente al despliegue de técnica del ‘Pelusa’ antes de encajar el segundo tanto. Inglaterra descarrilaba pero el tren era Maradona. España. Nou Camp. Las semifinales de la Copa del Rey preveían un duelo en el que cabían las sorpresas. El Getafe de Schuster no corría riesgos. Hasta que comenzó el asedio azulgrana. Primero Xavi, con un juego de cintura perfecto; luego, con el clon. El asombro comenzó con un caño, pero crecía a cada zancada que daba el argentino que, sin despegar el cuero de las botas, se acercaba dando miedo a Luis García. Éste, último escollo en la carrera del ‘Pulga’, también se vio sobrepasado con un recorte perfecto con la pierna derecha. El gol estaba listo. Precioso. De esos que pueden dar ganas de llorar. De aquellos que hasta el aficionado rival más acérrimo llega a desear que entre. Y pese a pugnar por el primer puesto de los goles más bonitos de la historia, el ‘19’ azulgrana no se coloca la corona de laureles. “Dormiré como siempre”, declaró tras el partido, aun cuando ninguno de sus compañeros había asimilado lo que Messi acababa de hacer. “Es el gol más bonito que he visto en mi vida”, declaró Deco, y de “obra de arte” tildó Frank Rikjaard el clon. Con todo, hoy debe agacharse la cabeza ante la maestría de Messi. Su gol no pasará al olvido. Su sombra, quizá eclipsada con la magia de Ronaldinho, tampoco.

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