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nadal.jpgLa pista central del Monaco Country Club encerraba algo más que una final de Masters. En ella, Nadal se jugaba su hegemonía, la incertidumbre de saber cuántos partidos más ganará en tierra; Federer sus intenciones de destronar al español y ampliar su dominio a una nueva superficie. El décimo duelo hispano suizo lo ha vuelto a ganar el español. En una hora y 35 minutos, y con un juego rotundo, potente, frío, maduro. De esos que no ofrecen sorpresa.

El partido evocaba la final de Roland Garrós del pasado año, en la que Nadal, víctima del apabullante juego suizo del primer set, comenzó a desgranar su mejor juego en detrimento de Federer, que cedió protagonismo y victoria al número dos del mundo. Como aquella vez, el de Basilea ha iniciado su juego muy fuerte, siempre por delante en el marcador gracias al dominio de su saque; Nadal, por su parte, aguantando estoico las embestidas de su rival y salvando, a veces con apuros, su servicio.

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Parece mentira. Nos irritamos ante los debates sobre si la televisión tiene que ser un servicio público o estar al servicio del público. Es decir, si debe prevalecer la intención informativa junto a la función formativa ético moral de los espectadores o emitir a destajo contenidos zainos mirando siempre de reojo a la carrera de audiencias, que es la que, a la postre, da el dinero. El caso es que, cuando nos preguntan si preferimos debates culturales y programas que atañan al interés público (a priori la política, la economía, la sociedad, etc.) o reality shows, levantamos la voz pidiendo casi a gritos lo primero. Hasta ahí, genial; pero la intención no es siempre lo que vale. 

El exitoso programa que ha copiado televisión española es uno de los ejemplos más claros de lo que no deberíamos hacer. Pocas veces, se pueden contar con una mano, los políticos de primer orden bajan de su pedestal a los medios de comunicación para hablar claramente a la ciudadanía sobre sus intenciones.  Y mucho menos cuando son los propios ciudadanos los que hacen las preguntas. El caso es que se ha conseguido, primero el Presidente del Gobierno, y después el líder de la oposición, pero se desaprovechan las oportunidades. Por dos razones: una, podría ser una mezcla más variopinta del público que cuestiona al invitado, en la que se incluyan, además de representantes de todos los grupos sociales, profesionales de la comunicación, que son los que conocen muchos aspectos desconocidos por el resto de la sociedad. La segunda razón es que los medios sólo extraen el detalle nimio, la pregunta, no más estúpida, pero sí de las menos importantes, en lugar de realizar un análisis paliativo de esta situación política que, en vez de sosegar, crispa a cualquiera.

Como españoles que somos, lo que nos quedará a partir de ahora será criticar lo que se mueva con caras de sabelotodos, como si conociéramos la realidad de todo y de todos, en vez de plantarnos ante los medios y explicarles que lo que se quiere es otra cosa. Aunque, pensándolo bien, si los medios están al servicio del público, normal que nos ofrezcan bagatelas. Ante nuestros escasos dedos de frente, acostumbrada a culebrones, sensacionalismo estridente y ultrajes parlamentarios con insultos y zafiedades, que viene a ser lo mismo, podría considerarse hasta normal que el cuarto ‘poder’ nos ofrezca esto. Quizá lo merezcamos. 

Asombroso, babilónico, cautivador, desconcertante, encomiable, formidable, glorioso, hechizante, inefable, jocoso, legendario, mítico, nostálgico, orgulloso, portentoso, quimérico, rocambolesco, soberbio, tremendo, utópico, vehemente, yacente, zahiriente. Faltan calificativos, los que comienzan por ‘w’ y ‘x’, para poder definir completamente la gesta con la que el argentino del FC Barcelona, Lionel Messi, de 19 años, hizo blanquear de pañuelos unas gradas que coreaban su nombre. En el deporte también se cumple el cuento de que todos tenemos un clon en alguna parte del mundo. Pero Maradona no podía saber que su doble futbolístico nacería tan cerca, en Santa Fe. El bonaerense, laureado y distinguido en todos los anales del deporte rey sobrelleva, además de una polémica por sus excesos privados, la proeza de haber marcado uno de los mejores goles de la historia. Y ahora, un alumno aventajado que le emula con la mejor de las maestrías.

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20070416elpepinac_3.jpgLo que ocurre en Melilla no es más que pico del iceberg; rumores, puertas cerradas que comienzan a abrirse desde que la Guardia Civil comenzó a hurgar en asuntos de una turbidez que puede considerarse no menos que curiosa. Pero, ¿por qué sucede ahora? Independientemente de la casualidad que ha aunado los casos de las falsas etiquetas de caducidad con los irracionales impresos del voto por correo, el tardío esclarecimiento de este tipo de rumores procede de manos excesivamente supervisoras en el ámbito de los medios de comunicación. No es un descaro afirmar que la labor investigadora de los periodistas en ámbitos relacionados con el poder está, no censurada, pero sí francamente cohibida. Es este caciquismo informativo el que, por medio de diferentes presiones, ralentiza la Verdad de lo que ocurre en esa ciudad que tan poco importa a los Gobiernos centrales.  Read the rest of this entry »

Oscar Wilde decía que las obras literarias clásicas son libros que todo el mundo conoce pero que nadie lee. El deporte también tiene sus parecidos con la literatura. Véase: Que Ronaldinho no quiere poner fin a su repertorio de jugadas ‘de libro’ es una verdad tan fehaciente como que el fútbol está poblado de protagonistas que se visten de blanco y antagonistas, que, aunque blancos, no brillan tanto.

Lo mismo ocurre con el juego del FC Barcelona, que, salvo algún tropiezo, es tan notable que su fútbol es algo parecido a una  ‘frase hecha’. De sobra es sabido que para doblegar a los rivales se requiere una capacidad de ‘leer bien los partidos’ y que ‘el argumento’ no se acabe como se le ha acabado a Fernando Vázquez. La deportividad, el juego limpio y el <i>fair play</i> son como los clásicos. Todo el mundo los conoce, la mayoría habla de ellos pero casi nadie les hace caso. Al menos en las primeras divisiones, porque en lo que respecta al fútbol base, la concepción del deporte espectáculo ha quedado relegada a la promoción de valores. Read the rest of this entry »

 

Una mañana de 1851, concretamente la del 22 de agosto, Londres abrió el telón de la vanguardia artística con una Gran Exposición que pasaría a la historia por ser el primer evento en el que se reunió productos de todos los países. Sin embargo, ese escaparate de ampulosidad encerraba intenciones vanidosas: La copa de las 100 Guineas, cuyo trofeo fue encargado a un prestigioso joyero inglés por el Marqués de Anglese para el Royal Yacht Squadron.

La supremacía naval de Inglaterra era conocida de uno a otro confín. Por las calles de Londres no se perdía el recuerdo de la mítica hazaña del almirante Nelson en Trafalgar, la gran victoria sobre las potencias europeas. Y si éstas, España y Francia, continuaban arrodilladas ante la armada anglosajona, no es de extrañar que la regata propuesta por el Conde Wilton al fundador del Yacht Club de Nueva York, John Stevens, en la isla de Wight fuera vista como un mero juego de niños, una exhibición de poderío. Pura cortesía inglesa.

Pero el orgullo británico quedó herido con la victoria de la goleta “América” sobre el nuevo barco del Conde Wilton, y el trofeo de las 100 Guineas cambió de ubicación y de nombre, en honor al primer vencedor. Entonces la reina Victoria, que presenciaba el liderazgo del “nuevo mundo” sobre su laureada máquina naval, pronunció la mítica frase de ¿y el segundo?. Era la imagen de la resignación, la pedantería magullada, que sólo su siervo pudo superar cuando respondía serenamente: Majestad, aquí no hay segundo. Read the rest of this entry »